El fracaso: rendirse jamás

Muchos ejecutivos creen que todo fracaso es malo y que aprender a partir de él es bastante sencillo. Ambas creencias son erróneas. En la vida organizacional, algunos fracasos son inevitables y algunos incluso son buenos. Y el aprendizaje exitoso a partir del fracaso no es simple: requiere estrategias específicas según el contexto. Pero primero, los líderes deben entender cómo se interpone el juego de las culpas y deben trabajar para crear una cultura organizacional donde los empleados se sientan seguros para admitir o informar el fracaso.

Los fracasos caen en tres categorías: los evitables en operaciones predecibles, que normalmente involucran desviaciones de las especificaciones; los inevitables en sistemas complejos, que pueden surgir a raíz de combinaciones únicas de necesidades, personas y problemas; y los inteligentes en la frontera, donde los “buenos” fracasos suceden rápidamente y a pequeña escala, brindando la información más valiosa.

Un liderazgo sólido puede crear una cultura de aprendizaje; una donde los fracasos grandes y pequeños son informados consistentemente y analizados en profundidad, y donde las oportunidades para experimentar son buscadas pro activamente. Es común y, con razón, que a los ejecutivos les preocupe que la adopción de una postura comprensiva hacia el fracaso pueda crear un ambiente laboral donde “todo se acepta”. En lugar de eso, deberían reconocer que el fracaso es inevitable en las organizaciones laborales complejas de hoy y entrenar sus resiliencias para sobrellevarlo, porque las caídas ocurren a diario, la clave está en volver a levantarse cuantas veces sea necesario, rendirse jamás.

 

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