Vértigo en el siglo 21: ¿A dónde vamos?

A continuación compartimos la interesante mirada de Sergio Melnick.

La velocidad exponencial es la característica central del siglo XXI. Veamos algunos datos anecdóticos, pero que alimentan la intuición acerca de esta creciente velocidad.
Se estima que hay unos 50 millones de abortos por año, y un mismo número de infectados de SIDA. Hay mil millones de personas mal nutridas, 1.300 millones de personas con sobrepeso, 500 millones de obesos y unas 15 mil personas mueren de hambre al día.

En el ámbito tecnológico, se producen 350 millones de computadores personales por año. Hay unos 2.500 millones en uso. Serán cada día más baratos y poderosos. Hay unos 170 cuatrillones de chips ya cableados. El número de transistores de la red global equivale a las neuronas del cerebro.
Por otra parte, se realizan unas 3 mil millones de búsquedas a través de Google por día.

Cada una de estas cifras es valiosa y un poco anecdótica, pero en su conjunto dan la sensación intuitiva que quiero transmitir: velocidad exponencial. Lo interesante es que la fisiología humana no ha cambiado nada en los últimos 150 mil años. La primera pregunta es inmediata: ¿somos capaces de seguir esta aceleración? ¿Cómo será la relación de las personas con la tecnología en el futuro?

En paralelo, la Tierra pierde unas 10 millones de hectáreas de bosques anualmente. El 35% de los árboles cortados son para papel, y un 40% del papel es reciclado. La selva amazónica ha perdido un 15% de su área desde 1970. Sólo 7 países provocan el 60% de la deforestación: Brasil, Canadá, Estados Unidos, Indonesia, China, Rusia y Congo. Hay 5.900 especies en peligro de extinción (40 en Chile).

En síntesis, la Tierra sufre, y en los últimos 150 años, la temperatura de su superficie subió un grado (7%). Si sigue esa tendencia, la vida de los mamíferos está en peligro. Es claro que la sociedad tecnológica consume al planeta. Ya hemos pasado el umbral de arrepentimiento. Los 10 mil millones de personas que seremos sólo pueden sobrevivir en base a una enorme plataforma tecnológica global. La segunda pregunta es clara: ¿será la tecnología humana capaz de compensar el daño a la Tierra a tiempo?

El siglo XXI será de paradojas, dominado por la tecnología, la innovación y la velocidad. Vendrán nuevas formas de gobierno mundial. La empresa adquirirá nuevos roles sociales porque los gobiernos son muy lentos para los nuevos ritmos, lo que generará una nueva relación público-privado. Queda abierta la pregunta de qué pasa con la persona, con el individuo, y de cuánto espacio quedará para la espiritualidad.

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