Las obligaciones del éxito

Hoy día existe la necesidad de apostar por el talento individual de cara a superar cualquier eventualidad y/o para alcanzar el éxito en nuestros equipos, en nuestras empresas, en nuestra sociedad y en nuestras vidas.

Sabemos que para que surjan héroes precisamos de un gran villano. Bueno, pues para que exista el éxito no precisamos más que de una dificultad. Las dificultades, como las olas, vienen unas detrás de otras. Así será siempre.

La fórmula para alcanzar el éxito personal ó colectivo, se centra en dos dimensiones:

 Por un lado, poseer un talento suficiente para lo que se va a pretender hacer. No todos podemos hacer de todo, pero todos debemos tener una capacidad mínima si es que queremos optar a un éxito; si no llegamos al mínimo, o cambiamos a la persona o cambiamos el objetivo. ¿Puede/o o no puede/o?

Y por otro lado, cumplir con una serie de exigencias concretas que están bajo nuestro control, que requieren básicamente del querer, del saber aprender y del saber aplicar lo aprendido.

Finalmente, podemos agregar un tercer punto importante para conseguir el éxito, la necesidad de tener hambre. Muchas personas poseen en común su claridad y sus ganas por alcanzar más de lo que ya han logrado. No se conforman. Para todas ellas los éxitos no residen en los títulos, sino en la mejora, en la superación, en el dominio específico y en los intentos.

Generar hambre es no comer entre horas. Cualquier persona que pica de aquí y de allá cuando aflora el apetito de mejora, que no se concentra en algo concreto, termina por desistir por falta de necesidad. El hambre y la necesidad de comer quizás no eliminan el miedo a la desnutrición, pero obligan a buscar comida.

Esta es nuestra misión y nuestro reto en la actualidad. Reconocer si el talento que tenemos es suficiente, si las personas que tenemos están dispuestas a cumplir estas exigencias, y si éstas conservan el hambre necesaria para no desistir en la búsqueda.

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