Tallando mi versión auténtica

Al principio supone sólo una pizca de innovación respecto de la agenda, luego una cuota mayor de compromiso y, finalmente, un empujón a reinventarse. Una cierta transformación de la propia vida comienza, especialmente si en el voluntariado el centro es el encuentro verdadero con personas distintas de uno y no sólo la entretención respecto al diseño de un proyecto. Si lo que prima es la autenticidad de los vínculos, se fortalecerán importantes competencias personales (como el trabajo en equipo, la tolerancia, la capacidad de escucha, la empatía y la resiliencia) pero sucederá algo incluso más prometedor: el replanteamiento del valor de la propia vida. En el voluntariado comenzará a depurarse mi actual escala de valores al alero de nuevas amistades, de afectos por personas que nos ensanchan los intereses, que transforman nuestros conceptos sobre el amor y las oportunidades, sobre la dignidad humana y la justicia; nuevas relaciones que nos cuestionan lo que entendemos por éxito y por trascendencia. Incluso nuestra imagen de Dios puede verse transformada.

Si en el voluntariado aprendo no sólo a servir una bandeja de comida sino a comer lo mismo y en la misma mesa que una persona con discapacidad psíquica, sucederá que ya no me interesará tanto validarme respecto de otras personas sino cultivar una versión menos superficial y aparente de mi mismo. Surgirá entonces una sed irrenunciable de veracidad, cualquiera sea la condición de las personas con las que me encuentro, sin el nerviosismo de enjuiciar ni de verme enjuiciado por nadie… En el voluntariado podría ingresar a la más importante universidad de Chile: el lugar que educa mis afectos para que quepa más gente dentro de mis sueños.

Está estudiado que en el ámbito laboral, los jóvenes que practican el voluntariado desarrollan muchas destrezas directivas que serán probablemente claves en el éxito de sus carreras profesionales. Hoy día más que nunca en las empresas se buscan ejecutivos íntegros, capaces de relacionarse creativamente con sus equipos, con múltiples inteligencias relacionales, capaces de inspirar y de ser confiables. Pero no perdamos las coordenadas, esto es sólo una consecuencia posible, no el fin del voluntariado

La posibilidad que se nos presenta va más lejos: enamorarse y conmoverse con el verdadero Chile, con el país fracturado, con el país de las poblaciones marginadas llenas de historias esperando una oportunidad para salir de la pobreza y aportar su potencial en la construcción de un destino común. Este es el país que debe inspirar las preguntas de nuestro estudio y de nuestro trabajo: el voluntariado lo pone en nuestro corazón.

El P. Hurtado nos decía que “el pobre es Cristo”. Quienes participamos de esta fe encontramos en el trabajo voluntario un encuentro verdadero con el “Maestro”: escuchamos los aprendizajes de quienes han llorado y han aprendido de sus llantos, de los que han reído y aprendido de sus alegrías simples. Porque hay ciertos aprendizajes que sólo podemos hacer vinculándonos no con el Cristo de marfil sino con el de piel humana, de carne y hueso.La próxima vez que te inviten al voluntariado haz algo distinto.

Abril, 2012

Pablo Walker SJ
Capellán del Hogar de Cristo