Muchos tienen un miedo insalvable a volar. Pero sí, asumamos que a todos nos gustaría volar. No en un avión, donde es otro el que maneja. No tienes el disfrute y sí la sensación permanente de que algo va mal “porque esto se está moviendo mucho” y no tienes el control. No… VOLAR. Sentir la ingravidez. Manejar a tu antojo la altura, la dirección, la velocidad. Subir con una térmica. Bajar. Hacer un vuelo rasante… No, espera, lo imagino mucho más relajado, placentero y bucólico que hacer un picado para asustar a algún transeúnte descuidado…

Hombre, han sido millones de años de evolución. De un esfuerzo como especie de mejora, de ingeniería para ahuecar los huesos y hacerlos más livianos pero resistentes, de aerodinámica con el diseño de las alas, el estabilizador de la cola, plumas que protegen del frío y del agua, una visión increíble… Todo… Todo preparado y organizado para lograr un resultado maravilloso: volar.

La verdad es que el polluelo es bastante afortunado porque gran parte del esfuerzo lo han hecho otros por él. Han hecho todo lo necesario para que él tenga todos los elementos necesarios para que llegue el momento clave en que ya depende de él tomar la decisión crítica que marca la diferencia entre volar o no. A este momento técnicamente se le llama “echarle un par de huevos”. Saltar del nido sin saber si te vas a partir la crisma y vas a estar encima en el top ten de youtube o, mágicamente, remontarás y podrás disfrutar como tus congéneres de esa increíble experiencia.

Afortunadamente cuando no están abriendo la boca para que sus padres les lleven el sustento, deben estar viendo volar a todos y pensarán “pues no parece tan difícil…”. Pero seguro que también, antes de dar ese paso, muchos días dirán “pero si no se está tan mal en el nido…me traen la comida, las vistas son buenas, se han ido ya muchos de los room-mates que tenía y me sobra espacio…Igual mañana, si eso…”.

Alguien que ha sido bendecido con todas esas posibilidades, decide no aprovecharlas. Para matarlo…pero pasa mucho. Tienes la felicidad “ahí delante, que casi la tocas con los dedos”, pero no te atreves a estirar un poco la mano y asirla con fuerza para que no se escape.

Hay muchísimos pájaros con miedo a volar en el entorno empresarial. Ya está todo casi casi… pero todavía no envío la propuesta…o no llamo al cliente… o no presento a mi director el plan estratégico que he hecho… ¿Miedo al éxito? Rara vez, aunque puede pasar, claro, pero normalmente es más “¿Y si fracaso?”. Pues sí… puede pasar, claro… Hay veces que en el paso final, después de un esfuerzo ímprobo, casi al límite de la extenuación pero cuando ya casi acaricias el objetivo, lo que ocurre es:

oso 30 08

Recetas de pájaro para el éxito:

  1. Aprovechar todas las oportunidades que se tienen
  2. Ver cómo lo hacen otros a quienes les ha ido bien
  3. y “echarle un par de huevos”

Y si después de saltar, aquello no funciona y no tienes red de seguridad, pues disfruta ese último picado

www.equiposytalento.com