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Cuando llega el mes Diciembre, se siente el peso de todo el año transcurrido. No es sólo por el cansancio que se ha ido acumulando durante los meses trabajados, sino también por la presión que para muchos significa cumplir con las metas en un período de cierre. En esta fecha las empresas hacen los balances y presupuestos, evalúan los resultados, toman decisiones y proyectan.

Además, la llegada de fin de año empuja a correr para terminar con todo lo que se ha planeado y no se ha hecho, con los sueños a medio empezar y los proyectos algo encaminados. El problema de diciembre es que los distintos tipos de estrés se incrementan. Se sufre estrés laboral, un síndrome conocido como burn out. El factor común en todas las situaciones de burn-out es la negación y ausencia de expectativas profesionales para el trabajador.

Además, se suma el estrés social: la proliferación de fiestas y eventos. A fin de año se llega con una emoción especial y, a la vez, con cansancio. Se produce esa aceleración del calendario que no deja margen a nada. El fin de año en el hemisferio sur, es muy conclusivo: todo tiene que cerrar.

Pero en realidad, fin de año no tiene fecha de vencimiento. Después del 31, llega el 1° de enero y los proyectos siguen, y hay que continuar con el mismo empuje y las mismas ganas de siempre. Ni los proyectos, ni los sueños vencen, de uno depende mantenerlos vivos y alcanzarlos.

Es importante terminar el mes de los sobresaltos dando lo mejor de uno. Si no se llegó al cumplimiento de todas las metas o sueños, no hay que afligirse, sino más bien sacar fuerzas, confiados en que en el siguiente mes, enero, se podrá continuar con lo propuesto.

El fin de año, no es el fin del tiempo, en cada uno está la misión de no ponerle fecha de vencimiento. No se detengan.