Columna de Andrea Fuenzalida

Muchos derechos y pocos deberes

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En las noticias, en la oficina, en el colegio, en la casa. Como una tendencia creciente en nuestra sociedad, desde hace un par de años y en gran parte del mundo hemos podido ver, con gusto, cómo las personas -ciudadanos, trabajadores, hombres, mujeres, niños, estudiantes, minorías y un largo etcétera- se han atrevido a levantar la voz y reclamar lo que muchas veces, no necesariamente todas, es legítimo exigir para que tengan una mejor calidad de vida. Lo relevante es que han tomado una actitud proactiva al respecto, y muchos de ellos conseguirán lo que buscan.

Es así como la discusión se ha centrado en sus derechos, pero no en sus deberes. En una sociedad que se precie de tal, sus miembros mantienen un vínculo de cooperación, que les reporta beneficios pero que también supone ciertas obligaciones en retribución. Quizás debido a que en algunos casos la balanza se mantuvo desequilibrada durante mucho tiempo, en algunos se generó una percepción de impotencia y situaron la responsabilidad en el entorno, asumiendo un rol pasivo y buscando reivindicaciones por parte de terceros.

El progreso y las mayores comodidades que hoy tenemos a nuestra disposición, han debilitado el esfuerzo y la voluntad de las personas, y de la mano, el sentido de responsabilidad personal. Hoy los niños exigen muchas cosas a sus padres pero ya no hacen sus tareas si los padres no se sientan a hacerlas con ellos; los ciudadanos exigen al estado derechos como salud y educación pero muchos ya no cumplen con su deber ciudadano de votar en las elecciones de autoridades o se quejan por tener que pagar impuestos; los trabajadores exigen aumentos de sueldo periódicamente asociado a su antigüedad y no están dispuestos a que esto se asocie a su desempeño; todos ejemplos de una actitud personal que refleja el no hacerse cargo de su rol y contribución al sistema en el que participan.

Una característica común de las personas que reconocemos como exitosas es justamente su actitud emprendedora, personas que se han empoderado en relación al logro de los objetivos que se proponen, desde la perspectiva de hacerlo por ellos mismos sin esperar que el entorno se los exija. No es suficiente movilizarse para exigir determinadas cosas al gobierno, padres, jefe; se trata de asumir responsabilidades, empoderarse y arremangarse las mangas: son esas personas las que triunfan. Se hace necesario que nuestra sociedad, en sus distintos niveles e instituciones, encuentre un equilibrio entre la entrega de derechos y la exigencia de deberes a sus miembros, esto facilitará el desarrollo de las personas y de la sociedad en su conjunto.