Somos adictos

Mi nombre es Rodolfo Sommer y soy un adicto.

Habiendo declarado esto, me permito invitarlos a subir a la palestra porque sé por cierto, que no estoy solo en esto. Todos, al menos en algún momento, hemos estado enganchados alguna de las siguientes adicciones:

– Adicto al trabajo: Como no sé relacionarme con mi familia o no tengo intereses que me distraigan, trabajo para llenar el espacio.

– Adicto al éxito: Como no tengo una identidad y una autoimagen formada que me dé seguridad en quien soy, necesito ser exitoso para creer que soy alguien.

– Adicto al dinero: Como estoy vacío y no tengo relaciones significativas con otros, tengo que llenarme con cosas materiales.

– Adicto al poder: Como estoy solo, necesito sentirme querido y respetado.

Las dos primeras no son tan complejas como las dos últimas porque tienen un tinte positivo, son incluso premiadas y valoradas.

Estamos enganchados en esta dinámica y no es fácil tomar distancia para evaluar y cortar la adicción y tolerar el síndrome de abstinencia.

Por eso me vuelve el alma al cuerpo cuando veo profesionales que anhelan hacer una diferencia en su empresa y no sólo promover o tener éxito, que tienen sueños y no sólo objetivos, que hablan de personas y no de recursos, que para considerar un cambio de trabajo evalúan proyectos y no sólo cargos, calidad de vida y no sólo remuneración, oportunidades de aprender y no sólo status.

El mercado laboral chileno está pasando por cambios paradigmáticos y estructurales profundos. Esto unido a un alto dinamismo y volatilidad lo que genera una oportunidad única para llevar el “workplace” a esquemas de mayor calidad de vida, desarrollo y felicidad.

Los invito a que aprovechemos esta oportunidad y veamos cómo hacemos para reciclarnos laboralmente, para construir espacios libres de adicciones, para creer en nosotros mismos y en los demás; como hacemos para transformarnos en agentes de cambio y no quedarnos como adictos eternos.