Estamos ante una sociedad cuya idiosincrasia no fomenta la autogestión en la empleabilidad ni el desarrollo de marca personal. Es difícil encontrarse con un perfil de ejecutivos preparado, que ha desarrollado su Branding personal en el mercado laboral, a partir de la formulación de una estrategia previa. Falta generar ese espacio personal, donde el ejecutivo se vea en tanto persona, al igual que una empresa, con una estrategia, objetivo, visión, misión y valores. Hay un “diseño” más que un actuar “por defecto”, una elección, más que una actitud conformista de tomar lo “menos malo”.
El ejecutivo estudia su competencia, identifica su target de empresa, piensa en su propuesta de valor, “armarse” de cara a una nueva oportunidad laboral. Sólo cuando aparece la necesidad (despido o renuncia) el ejecutivo comienza a potenciar su marca, sobre la marcha (en las mismas entrevistas), muchas veces dando pasos en falso.

Por otro lado, el ejecutivo debe tomar conciencia de que sólo él es el responsable de su desarrollo de carrera. Las empresas generan promociones internas, pero en base a sus demandas. Si uno no tiene un rumbo cierto, navega en una marea incierta, se deja llevar, y el puerto se ve difuso. Uno tiene que construirse un plan de desarrollo laboral y tomar las decisiones en base a esa dirección deseada. También hay que golpear la mesa, ser claro y enfático en lo que uno quiere alcanzar, comunicándoselo a la jefatura, para lograr influir en las decisiones más estratégicas de cambios de estructura organizacional.

Si se trata de una búsqueda laboral, es clave conocer las propias motivaciones personales, son la brújula del lugar y cargo que debo elegir para postular, permitirán minimizar el riesgo a equivocarse, porque fomentan la realización personal y por ende la felicidad.

El desafío es producir el cambio de mentalidad, entender que la explotación de la marca personal hace a la persona mas empleable y por ende, más libre.